Odio la etiqueta “Mercadillo de jóvenes diseñadores”. Lo odio porque tú esperas encontrar piezas originales, divertidas, diferentes, creativas y en realidad lo que suele haber es una colección de faldas con telas de grandes flores de colores como las que usaban las abuelas para hacer sus batas, bolsos con margaritas y muñecas de brazos largos dibujadas y broches de fieltro espantosos con una pluma y un precio desorbitado. Sin embargo, seguí con interés el facebook de Festivalet y vi que por fin no iba a asistir a otra feria de jóvenes diseñadores del averno. Las firmas y marcas que anunciaban eran todas handmade pero originales y creativas. Los jardines de The Clorofilas, los ganchillos de Ohioja o de Crochettes por ejemplo, son una pasada. A mi me fliparon especialmente las joyas de Après-Sky, y a mi bendito, las pajaritas que vendían los de Black Oveja. Así que él me regalo este bonito collar-venado y yo una pajarita con estampado de mantel. Mi venado está ya descolorido, cosa que me enoja un poco, pero sigue siendo muy bonito.
Además venía en una caja ilustrada por Antonio Ladrillo, del que curiosamente mi bendito es muy fan. Se ve que Lucía de Après Sky es amiga de él. El mundo cool-condal es un pañuelo. Como el Ladrillo le gusta tanto a Jordi, el otro día le compró a Rai una especie de cuento hecho por él con Robin Hood como protagonista.
Antes de llegar al Festivalet, al que fui con mi queridisísimo cuñado Miquel y con Nel.lo (también con Rai, of course), fuimos a tomar unas cañas a La perla de Oro (calle Unió, 34), una especie de colmado muy mono que sirve tapitas y bocatas de embutido rico y que según leo aquí, está regentado por dos valientes francesas.
Luego nos reunimos con mi bendito, que salía cargado de croquetas exquisitas de su clase en la escuela de cocina Hoffmann (podéis seguir sus aventuras culinarias aquí) y nos dedicamos como os he contado al shopping de cositas hechas con amor.
Y eso os deseo yo, mucho mucho amor, y no sólo porque se acerque Navidad. Ciao!























